domingo, 26 de septiembre de 2010

Alegación a la Ordenanza de la Palmera

En relación con la ORDENANZA SOBRE LA PROTECCIÓN Y FOMENTO DE LA PALMERA DATILERA (Phoenix dactylifera) EN EL TÉRMINO MUNICIPAL DE ABANILLA, unánimemente aprobada por el Ayuntamiento Pleno el día 17 de mayo de 2010, y acogiéndome al derecho de reclamación y sugerencias que se ofrece en la publicación efectuada en el Boletín Oficial de la Región de Murcia de 28 de mayo de 2010 (BORM nº 121),  respetuosamente, me permito elevar las siguientes consideraciones, por si merecieran la atención de nuestros representantes:
1)                          En el Artículo 2 se mencionan, como justificación para la regulación, los palmerales de El Salado, Ricabacica, Sahues y Mahoya. Si bien la protección se extiende a todo el término municipal entiendo que deberían mencionarse expresamente  los palmerales existentes en el casco urbano del pueblo: cerca de la carretera de Murcia, alrededores de la Ermita, etc., estos palmerales son los únicos restos del inmenso bosque de palmeras que, hasta hace 30 o 40 años, rodeaba el casco urbano y que a modo de semicírculo iba desde La Bobuta, pasando por el llamado Barrio de Lyon, el antiguo Campo de Futbol “El Palmeral”,  el Perú y hasta cerca del Salitre. Dada su singularidad, entiendo que deberían protegerse especialmente los escasos ejemplares que persisten como supervivientes del expolio sufrido en esta zona.
2)                          Después de justificar la restricción del encapuchado por los riesgos para la palmera y de mencionar el hecho de que nuestro término municipal haya sido objeto del encapuchado masivo por las restricciones existentes en Elche y Orihuela, sorprende que se siga autorizando el encapuchado en las palmeras macho. En la Ordenanza no se exponen las razones que justifiquen la permisividad con esta práctica ni porqué se sigue autorizando el encapuchado en palmeras, lo cual, a la larga, va a conllevar la desaparición de muchos ejemplares y la dificultad de explotar la palmera para su aprovechamiento con el cultivo de dátiles. Por ello considero que, una vez dado el paso de promulgar la presente Ordenanza, debería prohibirse totalmente esta práctica dañina para estos vegetales: no se entiende ni se justifica porqué hay que seguir autorizando esta actividad tan perniciosa. El plazo de cuatro años que se pone entre encapuchado y encapuchado es exactamente el que actualmente se guarda y es el mínimo para que se recuperen las palmas en los ejemplares amputados, por tanto su mera mención no supone ningún tipo de actitud proteccionista, es simplemente constatar algo que habitualmente hacen los que se dedican a esta actividad comercial (nadie vuelve a atar una palmera antes de cuatro años, sencillamente porque no hay todavía palmas que blanquear). Por otro lado, el cupo del 20% de palmeras susceptibles de ser atadas junto con el plazo citado implica que al cabo de 5 años y de forma cíclica, todas las palmeras macho del municipio podrían ser atadas. Teniendo en cuenta que, según se cree, cuando una palmera es atada 4 ó 5 veces corre un grave riesgo de muerte, es de preveer que en 15 ó 20 años podrían desaparecer todas las palmeras macho del municipio y por tanto se haría imposible el cultivo y recolección de dátiles. En resumen: el resultado de esta permisividad es que se legaliza el atado o encapuchado de las palmeras macho, situación que hasta ahora permanecía en el limbo de la ambigüedad legal. 
3)                          No obstante lo anterior y si se considerara, por razones económicas de explotación agrícola, autorizar el encapuchado en los viveros o Huertos, habría que restringir esa denominación de ‘Huerto’ a los viveros registrados en la Consejería de Agricultura, al objeto de impedir la picaresca de solicitar la calificación de bancales como Huerto con la única finalidad de encapuchar palmeras.
4)                          Al hilo de lo anterior, es indudable que las simples medidas de regulación y prohibición, por sí solas, no garantizan que se alcancen los objetivos deseados. Es necesaria la colaboración de los agricultores implicados. El encapuchado es posible porque los agricultores obtienen un beneficio económico por el mismo. Tradicionalmente la palmera era cuidada por el rendimiento económico que suponía la recolección y venta de dátiles. A medida que nuestros huertos fueron despoblándose de agricultores profesionales fue desapareciendo ese interés y poco a poco se substituyó por el encapuchado como sustituto del cultivo de dátiles. Es evidente que la palmera per sé, y sin posible explotación económica, va a convertirse en una servidumbre para sus propietarios que les va a obligar a una serie de acciones que no les van a suponer ningún beneficio. Por ello considero que, al igual que ocurre con nuestros bosques de oliveras milenarias, debe compensarse a los propietarios por el lucro cesante y también como forma de estímulo para su colaboración activa. Por ello propongo que se destinen fondos a esta compensación.
5)                          El cuidado de la palmera requiere también de una especialización laboral que se ha perdido en nuestro pueblo, como muy bien menciona la Ordenanza, prácticamente ya no existen palmereros en Abanilla. En tiempos de crisis económica y desempleo, este oficio puede ser una alternativa para alguno de nuestros jóvenes que, tras la oportuna formación, pueden encontrar su futuro en estas prácticas profesionales. Actualmente, los palmereros que se ocupan de nuestros ejemplares vienen de Elche donde reciben formación especializada. Considero que si es difícil implantar estas enseñanzas en nuestro pueblo, o en el vecino Instituto de FP de Fortuna, debería subvencionarse la formación de algunos jóvenes aprovechando los cursos que al efecto organiza el Ayuntamiento de Elche, o bien organizar actividades formativas similares en nuestro propio pueblo.

Abanilla, a 24 de junio de 2010





Fdo: José María López Lozano

La palmera datilera: su historia en la cultura popular del sureste español, su cultivo y su aprovechamiento.


Ponentes: Don Diego Rivera Núñez, catedrático de Botánica de la Universidad de Murcia y don Santiago Orts Pérez, licenciado en Biología Botánica.
-         La palmera no es un árbol, sino una hierba. No tiene raíces como estos, sino bulbos, igual que los ajos, el apio, etc.
-         Las palmeras, en general, resisten a todos los climas, tanto cálidos como glaciales, húmedos o desérticos. Resisten al fuego porque no tienen madera que se queme, sino fibra que crece en espiral (forma trenzada), como si fuera una maroma, lo que le da una gran flexibilidad y resistencia a la rotura. Lo que se quema es la envoltura exterior que le sirve de protección, por la que no circula la sabia, al contrario que los árboles.
-         Su nombre botánico es Phoenix, que significa “el ave fénix”, la que en la mitología resurgió de sus propias cenizas. Tienen cien millones de años. Su crecimiento se adapta a las condiciones climatológicas, y aunque crecen en todas las latitudes del planeta, sólo dan buenos frutos las de la variedad “datilífera”, en la franja comprendida entre los paralelos 17 y 32. Conforme nos alejamos de esta franja los frutos son de peor calidad, llegando a no darlos.
-         Con buen riego y dentro de la franja señalada, pueden crecer a razón de diez centímetros por año, disminuyendo conforme empeoran las condiciones climatológicas. Si las raíces permanecen encharcada constantemente, las de la variedad datilífera terminan secándose. Otras variedades crecen incluso bajo el agua, en climas tropicales.
-         Se ha observado que las palmeras datileras que se riegan con aguas que contienen sales sulfurosas, éstas le producen un compuesto en la savia que les protege de ciertas plagas y, en parte, del ataque del escarabajo picudo.
-         La planta hembra determina el tipo del hueso del dátil, pero según sea el macho que la polinice así será el grosor de la carne del fruto. Por tanto, hay machos que dan buenos frutos y otros que son de mala calidad. Los machos de buena calidad son aquellos a los que más suelen acudir las abejas, que son las mejores polinizadoras, incluso superan al aire. Hay machos que tienen poco polen y otros que son estériles.
-         Algunos dátiles no se ponen amarillos antes de madurar, sino que de verdes pasan a maduros. Otros no llegan a madurar y se pudren. Estos se cogen amarillos y se adoban. Están los llamados pasas, que después de madurar se arrugan y mantienen sus cualidades. Otros después de madurar si no se cogen se caen y se pudren; los pasas no. Algunos se ponen de color morado antes de madurar. También hay otros que por más tiempo que estén en la palmera no maduran ni se ponen dulces. Se les llama “cochineros”.
-         Todos los dátiles, aunque para nosotros estén ásperos, sirven de alimento para los animales. Los huesos de los dátiles, convenientemente molidos, sirven para complementar el pienso de los animales, porque contienen mucha proteína y ciertas propiedades medicinales.
-         De un hueso de dátil que al ponerlo en agua no flote, nace una palmera, pero dicha palmera no será de la misma variedad del ejemplar de origen, sino que esto depende del terreno y de las condiciones climatológicas. Un hueso de dátil de Túnez, de Argelia, de Israel o de cualquier otro lugar, plantado aquí no nos da dátiles de igual calidad que los de su lugar de origen, no pudiéndose determinar a priori si la planta será macho o hembra.
-         Para obtener una palmera de igual variedad hay que hacerlo por clonación, es decir, sacándole un hijo o raijo de los que suelen crecer adheridos a ella y plantarlo aparte, que no de los que crecen a su alrededor, procedentes de huesos que al caer germinan como unidad independiente. Las palmeras que suelen vender en ciertos viveros y que dicen garantizar su variedad y sexo, tiene más de cuento comercial que de realidad botánica.
-         Cuando una palmera se trasplanta no le afecta la orientación tanto como a los árboles, pues no es un árbol, sino una hierba monocotiledónea, que crece en espiral, por lo que todas sus hojas (palmas) reciben la luz solar de forma rotatoria.
-         Una palmera adulta consume (evapora) casi 200 litros de agua por día y sus bulbos o raíces crecen en profundidad en forma de abanico y circularmente en plano, absorbiendo la humedad del suelo a distintas cuotas y áreas. Subsisten en los climas desérticos, pero sólo en las zonas donde hay agua en el subsuelo a la profundidad que las raíces puedan llegar (oasis). Alcanzan buen desarrollo y dan óptimos frutos, siempre y cuando tengan humedad por debajo y sol por arriba.
-         El palmeral de Elche está declarado por la UNESCO Patrimonio de la Humanidad, por lo que no se permite encapuchar sus palmeras para obtener palma blanca, ni arrancarlas.
-         Los palmerales más importantes del sureste español son: El de Elche, el de Orihuela, el de Abanilla y el de Crevillente.
-         En las palmeras de Abanilla, sobre todo las del cauce del río Chícamo, el Salado y el Zurca, se dan variedades que se pueden considerar autóctonas, que están siendo estudiadas por los expertos.
-         Las palmeras en otros tiempos fueron una fuente de alimento, aprovechable tanto para el consumo humano como para los animales. Actualmente son un bien paisajístico de incalculable valor, pues el paisaje de los pueblos antes mencionados, perdería su identidad si dejaran de existir sus palmeras. Esto nos obliga comunalmente a mantener nuestro paisaje con sus palmeras.
-         La obtención de la palma blanca hay que hacerlo de una forma racional, con métodos que no afecten a la supervivencia del ejemplar, dejándole suficientes palmas en el cogollo para que no peligre su crecimiento.


RESUMIDO POR EUGENIO MARCO  A VUELA PLUMA DE LAS CHARLAS CELEBRADAS LOS DÍAS 7 Y 8 DE JULIO DE 2010, CON MOTIVO DEL XVIII FESTIVAL NACIONAL DE FOLCLORE DE LA COMARCA DE CARTAGENA, EN LA ESTACIÓN EXPERIMENTAL AGROALIMENTARIA DE LA UNIVERSIDAD POLITÉCNICA DE CARTAGENA, SITO EN EL PALMERAL DE LAS CASAS GRANDES, DE LA PALMA.          
 

jueves, 15 de julio de 2010

El Olivar

    
       (haz click sobre la fotografía)


El Olivar de Abanilla es, junto con El Llano de Sahues y El Paul, un ejemplo de los raros bosques de oliveras milenarias que quedan en el Mediterráneo. Se encuentra junto al Río Chícamo, al sur de la Huerta de Mahoya y atravesado por la carretera de Fortuna

La Herencia de Nuestros Mayores

Abanilla es un pueblo antiguo, viejo, con historia. Tenemos las Fiestas de Moros y Cristianos más antiguas de España. Tenemos dos castillos, en el Lugar Alto y en Santa Ana, que están en ruinas o casi desaparecidos, etc.. Tenemos una obra hidráulica que, aunque deteriorada, persiste hasta nuestros días desde que la hicieron los romanos: los acueductos o puentes de la Acequia Mayor, que son algo similar al Acueducto de Segovia, probablemente de la misma época y que todavía se podrían recuperar.

Pero tenemos también unos seres vivos que ya estaban aquí antes de que llegara cualquiera de nosotros: las oliveras.

En todo el Arco Mediterráneo se está dando últimamente un movimiento de conservación y puesta en valor de estos árboles milenarios. En Cataluña, Aragón y Valencia han nacido iniciativas que buscan proteger estos viejos árboles, verdaderos monumentos naturales por su valor histórico y por su simbolismo como testigos del paso del tiempo y del esfuerzo de sus habitantes . En Cataluña existe incluso una olivera gigantesca que ha sido objeto de una disposición protectora de las autoridades del lugar, recibiendo además un nombre propio, ‘Lo Parot’. Este interés por estos árboles se extiende a la explotación del aceite, alcanzando precios astronómicos, de hasta 100€ el litro, debido al deseo de muchos consumidores que quieren probar un trozo de historia.

He visto algunos de estos olivos y puedo afirmar que, aún reconociendo que son ejemplares notables, no llegan al nivel de antigüedad de nuestras oliveras.

Sin disponer de pruebas científicas que corroboren mi afirmación, a la vista de su tamaño, su envergadura, y su aspecto, nuestros olivos podrían ser más viejos que los de otros lugares. Desde luego que no creo que haya en el mundo ninguna como la que hay en el Salado, en el Camino del Zurca. Este árbol gigantesco tiene 7 u 8 ramas de un metro de diámetro cada una; su sombra cubre 200 metros cuadrados y, según mi opinión, es más vieja y mayor que “Lo Parot”. Parecidas a esa hay otras más en Los Rulos y por otros parajes de secano del término.

Generalmente las oliveras milenarias que hay en otros sitios suelen estar aisladas y se conservan como monumentos naturales para atracción del turismo, pero no suele haber muchas en el mismo lugar, una, dos, ... Sin embargo lo que llama la atención de Abanilla es que hay tres bosques enteros de estos olivos. Hay cientos de ellos poblando El Llano de Sahués, El Paúl o El Olivar, formándose un paisaje único en el mundo

El olivo es un árbol cuyo dueño le va dando forma a lo largo del tiempo y, según como se pode, va a crecer hacia arriba, hacia los lados, con un tronco, con dos ó más, etc..., creando formas caprichosas que hacen que cada olivera sea diferente de las demás. Un paseo a media tarde por El Olivar nos puede permitir contemplar una verdadera exposición de arte natural al aire libre. Un museo que es el resultado del trabajo y el esfuerzo de los abanilleros a lo largo de los siglos.

Nosotros hemos nacido y crecido en el pueblo y no somos conscientes de su valor, lo vemos natural, normal, nada especial. Sin embargo cuando alguien de fuera nos visita y nos llama la atención sobre lo que a él le parece notable o único es cuando empezamos a darnos cuenta de lo que hemos heredado de nuestros mayores. Eso ha ocurrido con el Río Chícamo, que se ha convertido ya en un atractivo turístico de primer orden en la Región de Murcia: de manera habitual vemos gran cantidad de gente forastera haciendo senderismo por El Partidor, por La Umbría, por El Cajel, etc... e incluso ya existen Casas Rurales, de gente de fuera, que se han instalado precisamente para aprovechar ese entorno. El Olivar puede, perfectamente, convertirse en otro de esos reclamos turísticos que atraigan gente y por tanto que permitan iniciar actividades económicas que proporcionen trabajo y ocupación a algunos de nuestros paisanos.

Sin embargo en Abanilla, a diferencia de los sitios que cito arriba, este tipo de atractivos naturales pasan desapercibidas y no existe ningún tipo de protección ni estímulo para su mantenimiento y cuidado. No es raro ver incluso como algunos agricultores arrancan ejemplares milenarios para replantar oliveras jóvenes buscando la rentabilidad y la comodidad en la recolección.

A mi juicio, habría que proteger todos nuestros lugares singulares al objeto de evitar su deterioro y para su explotación turística. Sin embargo, habría que evitar, a toda costa, que su protección supusiera, para nosotros, otro expolio como el que ha ocurrido en El Sanel al ser declarado parte del Humedal de Ajauque y Rambla Salada. Este paraje es actualmente un verdadero desierto que cada vez se deteriora más por el abandono de la Consejería de Medio Ambiente y porque a los propietarios no nos permiten cultivarlo de manera sostenible con especies autóctonas que podrían detener el proceso de desertización, según se constata con múltiples estudios científicos. Para el que no lo sepa, varios abanilleros hemos sufrido la expropiación de hecho de 2000 tahúllas porque ciertos iluminados ecologistas de ciudad piensan que ese secarral es un Humedal lleno de halcones, águilas, alcaravanes, cigüeñas, etc..., vamos, que solo faltan los cisnes y los hipopótamos para completar el idílico paraíso. Tradicionalmente esta área había sido cultivada con especies de secano, cereales principalmente, suponiendo, en el caso de nuestros antepasados, su principal fuente de ingresos. En nuestra zona, las especies cultivadas ejercen un papel muy importante al detener los procesos de erosión causados por la escorrentía. Estas medidas actuales de “conservación a través de la desidia”, han llevado a la degradación del paisaje con lo que, tras pocos años, con darse un paseo se puede ver perfectamente cómo la desertización está llegando a cotas alarmantes. En el caso del Sanel, los propietarios hemos sido despojados de la capacidad de decidir sobre nuestro patrimonio y sin recibir ninguna compensación, solo multas cada dos por tres.

Las medidas de protección de entornos naturales suponen, habitualmente, que los propietarios deban correr con todo el coste y los perjuicios del mantenimiento, sin obtener recompensa alguna por su esfuerzo. Si se protegieran El Olivar y el Llano de Sahués, de un modo similar a como se ha hecho con El Palmeral de Elche (Patrimonio de la Humanidad), habría que arbitrar algún tipo de ayuda para los agricultores, para que no pasara lo que ha ocurrido en El Sanel. Una compensación indirecta podría ser el propio precio del aceite que se comercializara resaltando su carácter milenario, pero la compensación directa debe ser la que se dirija a los propios agricultores por el mero hecho de mantener las oliveras: una cantidad anual por olivo, previa catalogación del árbol. Solo así se mantendrían estos especímenes milenarios, verdaderas esculturas vivas, que son testigos del paso de los siglos. Ahora bien e insisto, una protección sin compensación sería un atropello que habría que evitar. Y si eso fuera a ocurrir, mejor quedarnos como estamos.

La gente de ciudad se siente atraída por fenómenos naturales. En los tiempos en que nos volcamos por el medio ambiente, la vuelta a la naturaleza, la vida saludable, … Abanilla puede ofrecer atractivos poderosos para el paseo turístico. Y si a las oliveras le añadimos nuestro entorno natural y cultural: el Río Chícamo, la Huerta, Los Puentes o Acueductos de la Acequia, La Iglesia, El Lugar Alto, El Lavadero, Santa Ana, las Palmeras (las pocas que quedan), nuestras Fiestas, etc.... solo nos faltaría un pequeño esfuerzo para completar el cuadro: caminos para el senderismo, restaurar los molinos del río, restaurar los acueductos de la acequia, señalizar los lugares de interés, creación de un Centro de Interpretación en el Olivar con una Almazara, formación profesional para formar palmereros y escardadores, volver a cultivar dátiles, recuperar la artesanía del esparto, potenciar nuestra rica gastronomía, ayudas y orientación para que nuestros jóvenes instalen alojamientos rurales, crear una industria de artesanía con madera de olivo (como hacen en Mallorca, donde por un trocico de nada te piden una millonada y los turistas lo compran todo a montones), etc... Y todo esto podemos hacerlo los abanilleros sin que tenga que venir nadie de fuera a darnos lecciones. ¿Quién puede tener más interés en conservar nuestro pueblo que nosotros mismos, los abanilleros?, es cuestión de echar a andar y sin demora, elaborando un Plan de Desarrollo Rural que recoja todas estas ideas.

El turismo es una fuente de riqueza y trabajo: los millones de personas que visitan nuestras costas lo hacen por sus atractivos naturales: sol y playa. Sin que nos demos cuenta, muchos extranjeros del Norte de Europa han descubierto ya los atractivos de nuestro pueblo y viven entre nosotros. Solo falta que demos un paso hacia delante y que la conservación de la herencia de nuestros mayores permita también a algunos de nuestros jóvenes paisanos trabajar y vivir en su tierra, conservar nuestro patrimonio para transmitirlo a las generaciones venideras y que la emigración sea solo una pesadilla del pasado.



José María López Lozano

Doctor en Medicina y Cirugía

 
 
Publicado en el Libro de Fiestas de 2010